WALDERBLOG - "El desvío de lo real"

miércoles, septiembre 17, 2008

El activismo medioambiental de la Iglesia católica chilena


La Iglesia católica chilena ha entrado nuevamente en un terreno polémico. Ha ingresado en los escenarios político, económico, en el medioambiental, y lo ha hecho desde la más profunda y extensa crítica. Ha entrado, y nuevamente, porque si se dejan de lado ciertas molestias con los gobiernos de la Concertación durante la elaboración y posterior promulgación de la ley de divorcio y otros disgustos derivados de programas de anticoncepción, la Iglesia chilena no había elevado una crítica política tan extensa y profunda desde tiempos de la dictadura.

Una prédica, un sermón, un discurso social, que no surge solo desde las bases, como pudo serlo durante los años sesenta con la influencia de la teología de la liberación. La amonestación, expresada en un documento, una “carta pastoral” de 50 páginas llamada
“Danos hoy el agua de cada día” surge desde un integrante del episcopado chileno, por el obispo de Aysén Luis Infanti.

El texto parece elaborado para generar un fuerte remezón a toda la estructura católica, para licuarse hacia toda la comunidad chilena. Basta leer el documento para percibir su potencia, su crítica implacable no sólo con los gobiernos de la Concertación, sino a partir de allí con el pensamiento político y económico acotado en lo que se le denomina –y el texto así lo hace- el modelo neoliberal.

No sólo la carta y su contenido busca la polémica. También su presentación, su primera difusión. Infanti contó con el apoyo del teólogo brasileño y ex religioso Leonardo Boff durante la conferencia de prensa realizada en Aysén, en plena Patagonia chilena. Boff, como bien se sabe, es hoy uno de los grandes referentes intelectuales de la crítica al proceso de globalización y figura emblemática para las izquierdas y los movimientos sociales latinoamericanos.

Una vez presentada la “carta del agua” Boff viajó a Santiago para dar una anunciada conferencia, la que en un principio se realizaría en un recinto de la Iglesia católica chilena. Pero de manera inesperada, la actividad derivó hacia la Universidad ARCIS. El motivo, recogido por diversos medios, fue la molestia de otros obispos chilenos, encabezados por Alejandro Goic, de recibir en un espacio religioso a Boff. El viernes 29 de agosto miles de jóvenes escucharon al teólogo de la liberación en ARCIS. Durante más de una hora habló de cambio climático, medio ambiente y economía.

La carta pastoral quedó suspendida. Poca difusión, aún poco debate. Desconocimiento. Pero el lunes 8 de septiembre Infanti y su documento fueron recibidos en La Moneda por dos ministros. A la salida de la reunión, el obispo reiteró la necesidad de generar en Chile un debate nacional por el agua, por su uso, acceso y su propiedad. Es cierto que la carta pastoral tiene como centro el agua, pero también es evidente la extensión de su crítica por toda la institucionalidad política y económica.

Infanti no oculta a sus asesores. Aun cuando la principal inspiración del documento está en Dios, en los principios cristianos, la carta, dice, está también inspirada en la ética, en la justicia social, en el fin o reducción de la pobreza y contracción de las desigualdades. El agua, su privatización, carestía y escasez, es una realidad. Pero el objetivo del documento es extender la defensa a todos los recursos naturales y la crítica hacia el modelo económico. Por ello los asesores, que van desde la economía, los derechos humanos al medioambiente. Conocidos activistas de organizaciones de la sociedad civil, como la ecologista y ex candidata presidencial Sara Larraín, están mencionados en el texto.

Bastan algunos pasajes para hacerse una idea de la solidez de los contenidos de la carta pastoral. Esta carta “surge de un pueblo que ama a su tierra, ama a su Dios, y se siente amenazado por los “lobos con piel de oveja” que quieren invadir y pisotear su jardín (…) ¿Logrará la espiritualidad cristiana del tercer milenio convertir al ser humano en un sabio y responsable conviviente con el manto de la naturaleza que amorosamente lo envuelve? ¿Seguirá actuando como acérrimo enemigo de la hermana tierra, de la hermana agua, del hermano aire, y del hermano hombre y mujer de esta tierra?”

La globalización, la desigualdad en el acceso al poder, el poder económico, el crecimiento económico “¿hacia dónde va?” se pregunta Infanti. Y responde: “Hay que considerar también que los principales responsables
de estas tragedias son empresas u holdings multinacionales y organismos de alcance mundial. De la misma manera la preocupación y las soluciones no pueden ser solo locales, sino mundiales. No es casualidad que
megaproyectos pensados para realizarse en Aysén provengan de empresas multinacionales”.


La carta de Infanti es una evidente respuesta a grandes proyectos de inversión en Aysén, la segunda zona del planeta con mayores reservas de agua dulce. Una riqueza que el obispo ve amenazada con proyectos para instalar plantas de agua embotellada y, de forma especial, proyectos hidroeléctricos. Hidroaysén, de propiedad de Endesa y Colbún, prevé un megaproyecto que construirá, dice el documento, cinco grandes represas para la producción de electricidad en los ríos Baker y Pascua. La energía sería conducida hacia la zona central de Chile, en lo que se ha calificado como la mayor línea de transmisión eléctrica del mundo.

A Hidroaysén se le suma el proyecto suizo Xstrata Cooper, que prevé tres grandes represas. Las sospechas, incorporadas en el texto, es que Xstrata reanime el proyecto de Alumysa, de alto impacto ambiental y paralizado hace unos años. Y está también el agua envasada, que con una inversión por cuatro mil millones de dólares prevé comercializar en botellas las reservas líquidas de la Patagonia.

Por tanto, dice la carta, “cualquier proceso que en la práctica signifique la privatización de estos recursos, ya no obedece al bien común, sino a los intereses del o de los propietarios y es contradictorio con este
imperativo ético de justicia y solidaridad”. Pero es aún más enfático: “Es inaceptable que empresas transnacionales exploten recursos naturales básicos, esenciales, para beneficio propio y no para la solidaridad y la comunión con los sectores de la humanidad que sufren hambre, pobreza, marginación y muerte”.

La palabra ya está dicha. La carta pretende llamar a la reflexión, al debate, pero también a la acción. “ Un nuevo orden económico mundial no se logrará si los pueblos no lo exigimos, pues no podemos aceptar que los bienes de la tierra sigan un proceso de acumulación, en pocas manos, en lugar de seguir un proceso de distribución solidaria y fraterna, pues la economía es para el bien del ser humano y no al revés (…) Los tiempos y los problemas actuales nos plantean el gran desafío de ser artistas de una convivencia armónica, justa y fraterna entre y con la naturaleza. Y para los creyentes esta comunión brota de la relación que experimentamos con Dios”.


Sólo durante la dictadura la Iglesia chilena había sido tan enfática en criticar a un gobierno, a un modelo económico y político. Lo que hizo entonces por la defensa de los Derechos Humanos hoy lo extiende hacia el agua y los recursos naturales. Y a la relación entre éstos. En palabras del mismo obispo, atentar contra el medio ambiente es “una violación de la misma intensidad a las violaciones a los Derechos Humanos. Echar a perder, violentar la naturaleza, es una agresión contra el ser humano y contra el Creador de esa naturaleza. En ese sentido diría que es un pecado social grave, que tiene la misma intensidad valórica que violar los derechos y divinidad de la persona”.

La visión de Infanti no es, por cierto, la misma de todo el arzobispado. Pero no ha habido réplica, con la excepción de una que otra conocida figura ultraconservadora. Hay que recordar que hace un año el obispo Alejandro Goic, que si bien hoy no habría compartido la presencia de Boff, hizo otra declaración en una dirección similar: Goic llamó a instalar un salario mínimo ético, sensiblemente más alto que el mínimo actual, bajo los 300 dólares. Aunque la propuesta no es hoy una realidad, sí fue materia de debate y reflexión durante meses.

Si no en la misma cúpula, sí en las bases. Hace un año atrás Infanti escribió una carta abierta a su comunidad en la Patagonia con 15 preguntas sobre medio ambiente. El “Danos hoy el agua de cada día” es la respuesta a esas preguntas. La relación entre este documento y acciones contra proyectos como el aurífero Pascua Lama en la cordillera de la Tercera Región es la simbiosis que busca Infanti. Impulsar a la reflexión, a la acción desde la base. Como dijo en una entrevista, “esta carta va a encender un fuego que espero arda”.

Lo que contiene esta carta es una nueva relación entre la iglesia y las organizaciones sociales. Como en los años sesenta. Aunque en aquel entonces sólo fueron las bases de la iglesia los influidos por la teología de la liberación y las corrientes sociales. Como dice el teólogo chileno residente en Madrid Mario Boero en “Recuerdos Pendientes”, libro de reciente publicación sobre el cristianismo de base en Chile en los años sesenta y los primeros setenta, esta relación entre la fe cristiana y la actuación política terminó también con el golpe de Estado de 1973. Un fin que, pese a la tragedia y al asesinato de religiosos, tuvo pronto un nuevo comienzo. Pocas semanas después del golpe la Iglesia se convirtió en el principal opositor a la dictadura del general Pinochet.

Infanti apunta hacia un objetivo similar.

PAUL WALDER

Publicado en Terra Magazine